lunes, 27 de junio de 2011

¡Osú illo, qué caló!

Llegamos a una época en la que encontrarse con 40ºC es bastante más habitual de lo que parece, a pesar de que depende de la ubicación en la que nos encontremos.

Tan elevadas temperaturas suelen tener diversas consecuencias en distintos aspectos de nuestras vidas. Es muy común el "fuf, con este calor, no hay quien trabaje" o el "dan ganas de irse a la piscina", incluso "con este calor, no se puede hacer deporte sin que te de un parraque" (parraque: 1. dícese del estado producido por un esfuerzo o condiciones ambientales extremas 2. Patatús, lipotimia). Dichas consecuencias inciden principalmente en nuestra actividad laboral, que de hecho invita a jefes y jefas a permitir horarios de jornada contínua para que los empleados no sufran un descenso importante en su productividad y al mismo tiempo les permita desarrollar otras actividades lúdicas propias de la época aprovechando la amplitud de las horas de sol.

Curiosamente en invierno suele suceder algo parecido, aunque opuesto obviamente y las expresiones, así mismo, evolucionan "¡hace un frío que pela!", "con tanto abrigo no se puede uno ni mover", "¡qué asco de lluvia! no se puede ni salir a la calle"...etc. La primavera, por su parte, tiene la mala costumbre de producir alergias a la gente, invitándoles a proclamar toda serie de sentencias de desprecio y con alevosía hacia la época del "florecimiento", que como es bien sabido, se trata de la estación del año en la que mayor cantidad de plantas sacan a relucir sus imponentes flores, que son las que casualmente "provocan" las mencionadas alergias. El otoño no iba a ser menos, pues es época de "regreso al cole", exámenes, fin de vacaciones... y para algunos el punto de inflexión entre el buen tiempo y el mal tiempo, porque si vamos de más a menos, malo.

Un dato curioso sobre la meteorología es que aquí en España, tenemos el que posiblemente sea uno de los mejores climas del planeta, ya que las suaves temperaturas del mediterráneo y su latitud, nos permiten disfrutar de un clima regulado por las grandes masas de agua que rodean la penísula, pues el agua es un buen regulador térmico.

Es cierto que en la mayoría de los casos, las quejas relacionadas con las perturbaciones de nuestra atmósfera no son más que una mera estrategia social para el inicio de una conversación o para cambiar de tema cuando ésta ya está iniciada, pero no deja de ser llamativo que dirijamos nuestra atención hacia algo que, en prolongados períodos de tiempo, sabemos con bastante precisión cómo va a ser y que además es a grandes rasgos invariante. Probablemente su carácter tradicional tenga gran parte de la culpa, ya que algunos años atrás cuando la agricultura suponía la principal actividad económica de la sociedad, resultaba un tema muy a tener en cuenta.

Sin embargo a nivel técnico y científico, nuestro cuerpo se autoregula ante las variaciones del clima, hasta el punto de que somos capaces de soportar situaciones bastante extremas en relación a las condiciones en las que habitualmente nos encontramos, siempre que éstas no se prolonguen demasiado.

Entonces, ¿cuál es nuestra motivación para poner en duda la inoportuna realidad de la meteorología? ¿nos obstaculiza realmente tanto nuestras vidas? ¿o no es más que parte de un juego mental-psicológico, inducido por las tendencias de nuestra sociedad? Como casi todo en esta vida, suele haber una explicación y además suele estar relacionada con otros comportamientos inherentes a las personas.

Hace no mucho, un amigo me decía que el ser humano es crítico por naturaleza y yo le instaba a que reconsiderara su postura, puesto que su naturaleza dista mucho de ser crítica, es en todo caso un ser social, que se adapta a los marcos y estereotipos que le son impuestos y apartir de ahí modela su propio sentido crítico en función de su proceso de adaptación a la sociedad.

Y es que el significado de adaptación ha sufrido una cierta tergiversación, para convertirse en "seguir la tendencia", pues es mucho más cómodo hacer y decir lo que los demás ya tienen impuesto, modelado e imbuido en sí mismos. Perdemos nuestra imaginación, creatividad e ilusión por hacer las cosas diferentes en pos de sentirnos integrados y hacer el mínimo esfuerzo posible para ello.

El tener más calor o más frío, no hará que cambiemos nuestras actitudes. Tal vez la clave esté en enfocarlo al revés.

sábado, 25 de junio de 2011

Desvirtualización

Parece uno de estos extraños vocablos de compleja significación que habitan en nuestra rica lengua, pero sin ir más lejos, desvirtualizar es como se le llama a conocer algo o alguien en su forma física real (lo que viene siendo el cara a cara normal y corriente de toda la vida) del que sólo teníamos una noción o contacto enteramente virtual.

Solemos emplear dicha palabra para enfatizar el carácter "real" de una determinada actividad que en los tiempos que corren, habituamos a llevar a cabo a través de algún medio digital y que en el fondo, no deja de ser algo tradicional como lo que se hacía antaño de la misma forma, pero que ahora de repente parece algo "novedoso".

Se dice que nos encontramos en lo que denominamos la sociedad de la información, o como ya me atreví a aventurar hace algún tiempo, la sociedad del conocimiento, pues toda esa información flotante en el espacio-tiempo digital comienza a interconectarse entre sí dejando entrever casi de forma autodescriptiva el conocimiento que en ese mundo virtual se esconde. ¿O no?

Reflexionando tranquilamente sobre ello, se me plantean algunos interrogantes que ponen en tela de juicio mi propia hipótesis, aunque como trataré de concluir en esta entrada, en realidad la refuerzan. La primera de estas cuestiones es relativa a la transparencia de la información.

Un tema altamente inflamable, sin duda, ya que una de las "ventajas" de la interconexión digital, es el anonimato y la posibilidad de expresar prácticamente cualquier cosa, a pesar de la terrible batalla digital que últimamente se está librando por evitar que esta libertad quede coartada por leyes. Aunque no es esta libertad la que pone en duda la veracidad de los infinitos testimonios que populan la red, sino la falta de perspectiva. Y es aquí donde surge la otra cuestión sobre la que quiero hacer hincapié, de la que depende la existencia de toda tecnología, que define los parámetros de ese tejido espacio-temporal lleno de unos y ceros, le da forma, y le otorga vida: las personas.

Esos extraños seres erguidos que en algún determinado momento tomaron conciencia de sí mismos para ser inteligentes, cualidad que aprovecharon para la construcción de herramientas que facilitaran las primitivas tareas más arraigadas a la supervivencia y que hoy en día pasan por numerosos ámbitos muy distintos, producto de la evolución.

Es la tecnología, señoras y señores, ese conjunto de conocimientos técnicos ordenados científicamente que nos permiten desarrollar bienes o servicios para satisfacer tanto nuestras necesidades como nuestros deseos. Pero el insostenible crecimiento que ésta experimenta hace que la línea que separa el uso de la tecnología con su dependencia, sea cada vez más difusa. Cada vez más, pretendemos adaptarnos a las "tendencias" obviando el hecho de que la tecnología está ahí para servirnos, para adaptarse a nosotros, y no al revés.

Por eso es que las personas siempre son lo más importante y no deberíamos de caer en la trampa de pensar que las nuevas formas de comunicación surgidas de esta obscena evolución, son "la" forma de comunicarse, no son más que una extensión de lo que se ha podido hacer siempre, pero pierden gran parte de la esencia del contacto humano.

Hablar con una persona estando frente a ella, proporciona una experiencia que no puede compararse con lo que una herramienta puede ofrecernos, por muy sofisticada que esta sea. Es una experiencia que enriquece nuestros sentidos y por supuesto nuestras vidas, algo que no debe de sustituirse por la efímera relación abstracta existente entre, usuario-pantalla-pantalla-usuario. Algo tan nimio como una sonrisa, ya expresa mucho más de lo que un conjunto de caracteres e imágenes puede; su curvatura, su extensión o las pequeñas muecas que el efecto de la propia sonrisa producen en el resto del rostro, son pequeñas partes de una experiencia que no puede "encerrarse" en una imagen o en palabras.

Llegados a este punto, podemos entrever por qué ese conocimiento existente en la red, es "plano", y no está exento de muy diferentes interpretaciones causadas sin duda por la falta de ese enriquecimiento propio de la experiencia humana. Sin embargo, no son cuestiones mutuamente excluyentes, y de hecho su uso complementario aporta numerosas ventajas, que de otro modo, no son posibles, al menos no en tiempo.

La tecnología es uno de los grandes logros de la humanidad, junto al mayor de todos, las personas. No lo olvidéis ;)

lunes, 20 de junio de 2011

Sueños, ilusiones y esperanzas

O de cómo el ser humano tiende a llenar los vacíos que encuentra en su camino a base de pensamientos que tienen un propósito más profundo de lo que en un principio puede parecer. Pensamientos cargados de pequeños "pedacitos" de imaginación que mágicamente se unen y conforman pedazos mayores.

Es una delicia ver cómo "de la nada" el cerebro es capaz de crear ideas que cuando se materializan no dejan de asombrarnos pese a que habitualmente tenemos la firmeza de que no podemos ver nada que nos sorprenda a estas alturas. Ideas forjadas con ilusión, pensamientos positivos y que en determinadas ocasiones nos llenan de tanto entusiasmo que su incesante intento por materializarlas se convierte en lo que llamamos sueños.

Y con esto no me refiero a los sueños que tenemos cuando dormimos, sino precisamente a los que nos arrebatan ese descanso. Esos que perseguimos con ahínco e ilusión y que alimentan nuestras esperanzas por verlos realizados. No en vano, se les suele de calificar de ilusos a aquellos que rozan la obsesión por tratar de cumplir algunos de estos sueños, ya que a veces se salen tanto de lo que consideramos habitual, que provoca incluso rechazo social.

Nada más lejos de la verdad, esta profunda búsqueda de una realidad que conecte nuestros pensamientos con los hechos palpables que conocemos y a los que estamos habituados, no desfallece en su intento de salir a flote en el infinito océano que inunda nuestras vidas de costumbres y actos arraigados a cada cultura. ¿Es éste un filtro natural creado por nuestra sociedad para detectar a aquellos que no encajan en ella? ¿o es algo más? Pensémoslo un poco más detenidamente.

Podría realizar una serie de argumentaciones matemático-teórico-cintíficas que me sirviesen de apoyo para llegar a las conclusiones que pretendo alcanzar, pero me basaré en algo más simple, ya que como con casi todo en esta vida, siempre hay una forma más sencilla de hacer las cosas. Algo tan sencillo como una pelota, sí, ese objeto esférico que se suele utilizar para jugar y que dependiendo del juego en cuestión tiene unas características u otras, como el tamaño o el material con el que está construido.

Independientemente de estos factores, cuando se lee la palabra "pelota" es inevitable llevar a la mente una imagen esférica o circular que posteriormente asociamos a unas cosas u otras dependiendo de nuestra cultura, educación, o de nuestro entorno en general. Ahora si imaginamos la situación de dos niños (sin género) que ven una pelota, a lo mejor no por primera vez, pero si cuando se plantean por primera vez porque una pelota es como es. Si hay algo en lo que estamos de acuerdo, es en que los niños están cargados de ilusión, inocencia y curiosidad por las cosas, ergo dicha situación es bastante normal.

El primer niño cuando observa la pelota se plantea subconscientemente que se parece mucho a esa cosa brillante que apareció anoche en el cielo y que curiosamente parecía estar muy cerca, pero en realidad estaba muy lejos, es entonces cuando el niño empieza a dejar fluir su ilusión y curiosidad despertada por tan extraño objeto, que puede ser tan parecido y a la vez tan distinto, obviamente, inconsciente de la verdadera naturaleza de la luna, su forma, su brillo o por qué aparece por la noche allí arriba en el cielo. Sin embargo, tan sencillo acto de observación puede despertar un gran interés del futuro hombre (o mujer) por la extraordinaria naturaleza de nuestro satélite natural.

De un modo semejante el otro niño, puede que al ver la pelota se sienta fascinado por la "expresividad" de la pelota que rebota contra la superficie y lo hace de forma distinta en función del ángulo, la fuerza del impacto o incluso de la morfología de la propia superficie. En este caso, su interés se despertaría en otra dirección totalmente opuesta de la del primer niño.

Podríamos estar hablando perfectamente de la infancia de Neil Amstrong y Arancha Sánchez Vicario, o simplemente de dos personas que perdieron parte de esa ilusión en un momento de sus vidas y que escogieron caminos donde sus sueños, sus metas u objetivos quedaron relegados a un segundo plano.

Aquí es donde muchos intervendrán alegando que la ilusión "está bien", pero hay que ser realistas, y la realidad es dura, difícil y a veces incluso puñetera, pero ésta no es incompatible con la ilusión, los sueños y las esperanzas, de hecho, ésta realidad se ha ido formando con estas pequeñas pizcas de ilusión que algunos despertaron en los demás, que un hombre hizo historia al pisar por primera vez la luna a pesar de la increíble distancia que los separaba, o que una mujer hizo historia también como una de las mejores tenistas conmoviendo y emocionando a miles de personas.

La ilusión, los sueños y las esperanzas, son parte de nuestra esencia como seres humanos, negarla y arrodillarse ante la dificultad de la realidad, no es más que un burdo intento por negar lo que somos, por la comodidad de un mundo dirigido por los demás en el que nuestras vidas viajan por los raíles que éstos dejaron, un mundo vacío, sin la mitad del valor que en realidad tiene.

Dejad que el niño que lleváis dentro os devuelva la ilusión.

viernes, 10 de junio de 2011

Vi veris veniversum vivus vici

Fecha original: 31 de Ago de 2010

"Por el poder de la verdad, yo, mientras viva, conquistaré el universo".

Sabias palabras de Fausto, que curiosamente era un personaje de ficción inspirado en un mago que se supone que vivió entre el siglo XV y el siglo XVI. Proclamaba que había vendido su alma al diablo para obtener sabiduría.

No tan distante resulta la imagen que vivimos actualmente aquellos que tratamos de hacer algo por un mundo donde cada gota de sudor cuesta más que el beneficio que produce.

Sólo nos queda aferrarnos a las viejas creencias de respeto y honor por todo aquello que nos rodea, sin importarnos sacrificar parte de nuestro ser en un camino lleno de obstáculos producidos por nosotros mismos, dónde sólo sobrevive aquel que logra anteponerse en circunstancias y parecer a los que compiten con él.

¿Acaso vendemos nuestra alma al diablo a cambio de una triste porción de sabiduría que nos sirva como excusa para darle sentido a nuestras vidas? Algunos más que otros, pero en definitiva, todos lo hacemos.

Y qué rebelde sería un gesto por acabar con la tenaz evolución de nuestra sociedad para embarcarnos en un viaje al pasado donde prevalecían los valores que dieron forma a las más bellas escrituras jamás compuestas, donde una lengua como el latín, ahora vacua y en desuso, proclama a los cuatro vientos con una sencillez y elegancia pasmosa los valores que hicieron grande al ser humano y que le dota de tan preciada sabiduría.

Pero deberíamos cuestionarnos si la innegable aceptación de la verdad no deja de ser si no un reflejo de nuestra propia alma, sobre la que escupimos día tras día en pos de un mayor beneficio social, pero en detrimento del ejercicio de la conciencia.

Lo peor de todo es el escaso tiempo del que disponemos (o queremos disponer) para ejercer estas reflexiones que nos permitan restituir nuestra personalidad con el fin de aportar algo más que un simple beneficio social propio.

Ya lo decía Descartes: "..pienso, luego existo.."

¿O no?

Frustración infinita

Fecha original: 19 de Ago de 2010

Por cada segundo que pasa en nuestras vidas dicen que perdemos una oportunidad de hacer algo nuevo que no hayamos hecho ya y que nos proporcionará gran satisfacción además de acercarnos a nuestro utópico sentimiento de la felicidad absoluta.

La verdad es que no sólo resulta complejo encontrar una verdadera razón para decidir sobre una serie finita (o no tanto) de posibilidades que nos conduzca a cubrir dichas oportunidades satisfactoriamente, si no que además existen numerosos factores de carácter rutinario que nos evaden de esta reflexión retrasando una y otra vez la posibilidad de llevar a cabo tales cosas.

Retrasando hasta tal punto que cada vez que encontramos un incentivo para alcanzar nuevos objetivos, nos vemos en la desgracia de que al mirar hacia atrás se han acumulado tal cantidad de desconcertantes hechos "pendientes" que perdemos el foco de lo que estamos haciendo para caer en un profundo suspiro a modo de: "...puff, que asco..."

Y es que no hay mal que por bien no venga, pues en parte, si reflexionamos un poco sobre esta fortuita frustración acabamos por preferir esta situación, antes que aburrirnos por no saber que hacer.

El resultado nos conduce al título de esta entrada y cuando llegan fechas como agosto, pensamos en "reventar" esta lista de tareas pendientes y quitarnos esa extraña sensación de amalgamamiento de ideas.

Pero la realidad es que muchos de nosotros, necesitaríamos varias vidas enteras para llevar a cabo todo lo que quisiéramos, proporcionándonos al mismo tiempo un mayor baraje de tiempo para incrementar la lista, lo que a su vez, nos induce en un interminable bucle que aturulla nuestras mentes desembocando en un espantoso dolor de cabeza por las mañanas recién levantados...

¿Caeremos en la tentación de convertirnos en máquinas sin conciencia que hacen sólo cuanto se les ordena?

No tendremos tanta suerte...

Porque la vida puede ser maravillosa

Fecha original: 29 de Jun de 2010

Dada la sofisticación de los medios, los métodos y las formas de proceder a los que nos enfrentamos en nuestros "quehaceres" diarios, es una paradoja encontrar la satisfacción y el bienestar en la simplicidad de lo tradicional, prescindiendo de complejos procedimientos orientados a obtener un mayor "rendimiento" de aquello que pretendemos o creemos pretender.

Y es que volver a las viejas costumbres desarraigadas de nuestra vida cotidiana por el impulso de nuestra sociedad decadente, puede resultar bastante más gratificante de lo que puede parecer a simple vista.

Hacía ya algo más de 8 años que no dedicaba mi tiempo a sudar sobre la bici, tal y como en mis "años de mozo" solía hacer de forma continuada y propensa a la vocación. Fue cuando volví a notar las viejas sensaciones como el sabor de la sangre en la boca, el asfixiante calor aplastándome sobre el asfalto, el crujido de pedales y manillar al tirar de ellos con tanta fuerza que notas cómo la rueda delantera se despega de la carretera...fue entonces cuando recordé lo sencillo que puede llegar a ser, sentirse bien con uno mismo.

El otro día un colega se quejaba de cómo la gente ha convertido medios como Tuenti en una forma de "sobreexpresar" lo que cada uno hace con su vida. Sin ir más lejos, esta entrada podría considerarse como un buen ejemplo para ello; sin embargo, mi intención dista mucho de este hecho.

Mi intención es animar a todo el que lea esto a que busque formas sencillas de retomar viejas sensaciones de satisfacción, tanto para sí mismo como para los demás, para evadir las "leyes" de una sociedad coercitiva que nos imbuye un comportamiento basado en la acumulación de actos rutinarios, sin sentido muchas veces y que enmascara quienes somos en realidad.

Disfrutad de todo los pequeños y sencillos momentos que nos definen...porque la vida puede ser maravillosa :)

jueves, 9 de junio de 2011

Estrenando zapatos

Fecha original: miércoles 8 de junio de 2011

Con una mano en el ratón, otra en el teclado, y armado hasta los dientes con miles de vocablos impertinentes, se presenta servidor en un nuevo medio de difusión de ideas, reflexiones y paradojas lingüísticas.

Para formalizar el asunto, diremos que este blog es un punto de encuentro para aquellas entradas perdidas que en determinados momentos de mi vida, normalmente propiciados por algún estímulo específico, redacto en modo automático. Y es que como puede leerse en mi anterior "muro de las lamentaciones" (veáse http://www.facebook.com/juanmanuelruizfernandez?sk=notes) me vanaglorio de ser un buen amante de la escritura, plasmando mis reflexiones palabra escrita mediante, sin ninguna piedad con los lectores desaprensivos que se atreven a introducirse en la inmensa profundidad de mis escritos.

Hecha pues la presentación, encontraréis observaciones, reflexiones, ideas, pensamientos, blasfemias y otras construcciones sintactico-semánticas de lo más variopintas, casi todas ellas relacionadas de un modo más o menos directo con la ciencia, pues me hice con esa mente cuadriculada que tanto se nos concede a "los de ciencias", exceptuando el hecho de que las líneas que delimitan dicha cuadrícula son tan difusas como la propia definición del pensamiento humano.

Un asunto casposo desde el que suelo emprender mis aventuras escritas, pues no veo tema más fascinante que el que ocupa el entendimiento de nuestros pensamientos. Es la base de todo cuanto hacemos, nos permite creer que tenemos conciencia y actuar en consecuencia. Además nos empuja a establecer una serie de vínculos con nuestros semejantes que se ven incluso clasificados por el efecto de este pensamiento sobre eso que conocemos como sociedad (suciedad como dirían algunos) cuando en realidad no importa la existencia del vínculo en sí mismo, sino lo que ello implica.

Cada cual se forja una idea sobre esto y aunque una mente es tan independiente de otra como lo es un ladrillo de un zapato, siempre existe al menos un elemento común: las personas (también es aplicable al caso del ladrillo y el zapato). Si, esos seres erguidos que revolotean a nuestro alrededor, algunos más dignos de tal denominación que otros, pero en definitiva personas, seres influyentes e influidos, con pensamientos, ideas, reflexiones y otra serie de características, que ponen de manifiesto su importancia y suelen ser por tanto parte del objeto de estos pequeños relatos que me atrevo a compartir con vosotros.

Como punto y a parte para este nuevo blog, me gustaría incidir en el carácter despreocupado de estas entradas, pues sólo pretendo compartir mi insidiosas palabras con aquellos que deseen leer un rato y por qué no, dejarse contagiar por ellas para tal vez ejercer del mismo modo tan recomendable tarea mental de reflexión. ¿Será peligroso? Ya lo veremos.

Entradas antiguas

Por petición popular, y porque ya lo había pensado anteriormente, he trasladado mis humildes relatos "escondidos" en facebook a este nuevo blog.

Los he ido poniendo por orden cronológico, de manera que la que ahora es la primera entrada del blog, es la más antigua de todas, y la que ha sido la entrada de apertura de este escaparate, ahora está la primera, pues es la más reciente.

Espero que disfrutéis con su lectura :)

Saludos

La sonrisa que ilumina

Fecha original: Martes, 24 de mayo de 2011

Una curiosa frase surgida de nuestro amado y humilde compañero twitter me sugirió tal sentencia sobre la expresión de las fauces humanas, que decía algo como: "Personas que iluminan tu día con su sola presencia"

Un indicio de la condición humana arraigada de forma inevitable al contacto social, a las relaciones interpersonales y a los actos de los que nos rodean que moldean día a día nuestra actitud y nuestra personalidad. Algo tan nimio como una sonrisa, ese sencillo gesto que nuestras mandíbulas dibujan en nuestro rostro, atraídas por una insaciable sensación de comodidad, agrado o por qué no decirlo, felicidad.

Lo que sin duda muchos pensarán es que no exentos de razón, estos gestos se ven propiciados por unas determinadas condiciones muy aisladas y cargadas de hechos anteriores que le dotan de una explicación razonable.

Pero algunas veces, no cabe explicación razonable, simplemente sonríes, sin aparente motivo ni con un fin concreto, como un acto reflejo que muestra de forma involuntaria una sensación escondida bajo la piel y que asoma al exterior en busca de una respuesta recíproca. Esa respuesta que sólo la persona especial que hay en tu vida puede regalarte, esa misma respuesta que hace que con sólo pensar en ella surja ese involuntario movimiento que refleja la felicidad de los buenos recuerdos normalmente asociados a una experiencia compartida o algo tan simple como una sonrisa, una mirada o una caricia.

Ese humilde gesto de cariño que despierta nuestro ánimo y que nos hace sonreír cada mañana, aunque sólo sea producto de nuestra imaginación, ese humilde gesto que nos ilumina y nos ayuda a crecer como personas.

Porque no hay nada como una sonrisa que ilumina y cuyo reflejo alimenta esa misma mueca, convirtiéndose en un incesante ciclo de sensaciones donde sólo cabe la felicidad.

No dejes de sonreír

El poder de la imaginación

Fecha original: miércoles, 11 de mayo de 2011

Un título muy genérico, casi predecible, para una entrada que se ha visto aletargada por gran cantidad de acontecimientos que me han mantenido alejado de mis inquietos dedos.

Y es que hace ya unos cuantos meses que no dedico mi ¿valioso? tiempo a sentarme tranquilamente y escribir, pero como se suele decir, después de la tormenta siempre llega la calma, no hay más que ver que mi última entrada data de la nochebuena, un discurso casi obligado para cualquier amante de la escritura.

Es por ello que mi mente tiene la mala costumbre de cuestionar todo lo que me rodea, analizarlo detenidamente e inundarme con gran cantidad de información que de un modo u otro trato de expresar. Porque siendo sincero, atesorar tan ingente cantidad de dudas, injurias, deducciones, afirmaciones, negaciones, ideas y propósitos en tal humilde calavera, no es la mejor de las soluciones.

He ahí, que de una mente inquieta como la mía surgan unos dedos igualmente inquietos deseosos por plasmar todo lo que puedan, en los tiempos que corren, a través de un teclado.

¿Y por qué retomar la escritura hablando de la imaginación? ¿es acaso una cosa ineherente a la otra? ¿o es más bien una cuestión de encontrar la razón que me empuja a escribir?

Esta tarde, durante una conversación con unos amigos, ha surgido una de mis aficiones favoritas de cuando "yo era joven", los lego. Si si, esas pequeñas piececitas de plástico que se encajaban unas con otras para construir "cosas" más grandes. Y es que se podía hacer de todo, un coche, una casa, una nave espacial, un robot... cualquier cosa, sólo eran necesarias unas cuantas piezas y el ingrediente especial: la imaginación.

Por aquel entonces no era demasiado consciente de su importancia, pero me hacía ser creativo, y el simple hecho de proponerme un objetivo a construir y llegar a concluirlo, generaba una recompensa en forma de satisfacción personal que inevitablemente me conducía a proponerme un objetivo mayor y por tanto a seguir "alimentando" esa imaginación propiciadora de los hechos en cuestión.

Extraño y curioso al mismo tiempo, pero escribir no dista tanto de esa primitiva idea de crear o construir, encajando pequeñas piezas una tras otra, dejándose llevar por la imaginación, para lograr un objetivo que en el fondo expresa nuestros pensamientos, esa creatividad que tanto escasea últimamente y tal como comentaba algún párrafo atrás, re-alimentando a su vez la imaginación y el poder de la curiosidad que inicialmente nos incitó a comenzar.

En esta tesitura, no dejo de plantearme, cómo serían las cosas si todos pusiéramos de nuestra parte procurando ofrecer una perspectiva constructiva a la hora de afrontar todos los aspectos de nuestras vidas, si en lugar de ser tan críticos y pasivos fuéramos más activos y procurásemos crear cosas cada vez mayores, crear mejores relaciones humanas, crear un mensaje más profundo de las cosas que realmente importan...

Tal vez lográsemos algo grande, algo tan ambicioso como la satisfacción general, algo que no deje indiferente a nadie y al mismo tiempo nadie pueda sentirse indiferente ante ello.

¿Seríamos capaces de tan faraónica obra maestra?

La respuesta está en la imaginación

Nochebuena

Fecha original: Viernes, 24 de diciembre de 2010

Como viene siendo habitual en mí, las celebraciones importantes y momentos memorables vienen acompañados por un pequeño discurso cargado de sentimentalismo y palabras de afecto hacia los que me escuchan pronunciarlo.

A pesar de la distancia que hoy nos separa a todos, sin duda estamos ante uno de esos momentos, ya que la inmensa mayoría de estamos con la familia, seres queridos y demás tratando de disfrutar de ese espíritu navideño que desde pequeños tratan de imbuirnos.

Muchos, no están en un ambiente agradable, están sólos, o simplemente no les gustan estas fechas, pero es inevitable pararse durante unos instantes para reflexionar sobre el tiempo transcurrido desde la última vez que se celebraron estas festividades, lo que de un modo inconsciente nos indica que algo especial si que debe de tener esta época, ese algo que nos suscita al mismo tiempo a mirar hacia los días venideros en busca de una idea, de sueño o de algo más...

Son estas reflexiones las que me situan en la tesitura de escribir estas palabras sin mayor afán que agradecer a las personas que me acompañan en mi actual camino que hayan estado ahí, que me hayan ayudado en ciertos momentos, que me hayan acompañado en algunas de las experiencias vividas, o simplemente que lean estas líneas.

Gracias a todos, os deseo unas felices fiestas y que disfrutéis todo lo que podáis de estos momentos.

Feliz Navidad

Juanma

Decir cuatro palabras

Fecha original: Martes, 16 de noviembre de 2010

En ocasiones nos sale decir lo que pensamos cuando lo pensamos y ya está, buscando de modo inconsciente algún tipo de alivio por las ideas que nos atormentan cuando más inoportunamente es necesario estar concentrado en algo, aunque obviamente no siempre se encuentra ese desahogo y es más común de lo que parece acabar creando un efecto contraproducente, especialmente cuando se efectúa la declaración de pensamientos en presencia de más personas.

Sin embargo, hay quien prefiere ¿perder? parte de su tiempo en otorgar a estos pensamientos de entidad propia buscando una reflexión más profunda sobre el por qué de éstos, el cuándo e incluso a veces el cómo.

Palabra escrita mediante, empiezan a dar vida, forma y esencia a lo que piensan, articulando enrevesados párrafos de significación dudosa pero gran belleza, creando una conexión inherente en el lector que percibe de algún modo la verdadera sensación que impulsó semejante acto. Suelen utilizar como fuente de inspiración las propias palabras que sus dedos golpeantes garabatean sobre el teclado para continuar su incesante necesidad de expresar lo que piensan de una forma más abstracta o más directa pero en definitiva, lograr "desembuchar" en forma de palabras tan complejos impulsos electroquímicos que recorren las interfaces sinápticas del cerebro.

Por el contrario, hay quien piensa que no se puede ofrecer un reflejo exacto y fidedigno de los pensamientos, sea cual fuere su naturaleza u objeto y que por tanto, resulta efímero desperdiciar nuestro preciado tiempo en un intento tan poco provechoso, es más, cuestionan la necesidad de transmitir estas sensaciones.

Y no les falta parte de razón, puesto que a pesar de nuestra riqueza léxica y sintáctica, la semántica siempre va un paso por delante arrojando un resultado muy próximo pero nunca igual, perdiendo parte de esta significación en el infinito espacio existente entre las palabras y el entendimiento de éstas.

¿Es este motivo suficiente para cejar en nuestro empeño por liberar el conocimiento que nuestro cerebro tan celosamente absorbe? ¿O tal vez no sea más que una excusa como otras muchas para matener abierto el discurso y erigir la palabra a la vanguardia de nuestra personalidad?

Tal vez sea hora de descubrir cúal es nuestra motivación para llevar a cabo tan rebeldes actos de comunicación forzosa independientemente de si el receptor está interesado o no, tal vez sea el momento de intentar entender para qué forjamos los vínculos que nos unen, o tal vez sea el instante de olvidar el por qué, las retinencias o las represiones, dejarnos llevar, sentir lo que queremos y decir cuatro palabras al respecto.

¿Qué me dices?

Amor desnutrido

Fecha original: miércoles, 15 de septiembre de 2010

Siempre que alzamos la vista para encontrar algo que nos ayude a proseguir en nuestro arduo camino hacia la felicidad, acabamos por apreciar la verdadera diferencia entre los que sólo pasan cerca de nuestra senda y los que nos apoyan, ofreciéndonos un ligero bocado de lo que conforma sus vidas y las nuestras al mismo tiempo.

Pero aterrados por la inusual sensación de soledad cuando ese apoyo no es suficiente, o en el peor de los casos, inexistente, acabamos por forjar una dura coraza que nos protege de la fría naturaleza de los seres que habitan a nuestro alrededor pero que no son verdaderos partícipes de nuestras vidas.

Resulta en un ciclo sucesivo de interés desaprensivo que refuerza aún más, si cabe, el caparazón de nuestra alma, cobijada en un rincón con el escaso amor propio que nos pueda quedar. De este modo fomentamos una desafortunada realidad donde la desconfianza, la inexistencia de actos desinteresados y la repulsión por actos de carácter social, terminan degradando nuestra calidad de vida.

¿Y cómo medimos la calidad de vida cuando la mayoría de las personas que nos rodean no pretenden otra cosa si no, hallar su propio estímulo para encontrar la felicidad?

A veces, y sólo a veces, aparecen ciertas personas que de un modo u otro logran establecer una conexión especial con nuestra psique de tal forma que ésta se vuelve un elemento común. Entonces al realimentar este vínculo comprobamos que esta aportación produce algo más que una simple conexión recíproca. Nos induce a tener sensaciones y pensamientos que otro modo serían imposibles, ideas que favorecen nuestros propios estímulos y en definitiva los de estas personas.

¿Por qué quedarnos a medio gas con una vida carente de estas sensaciones? ¿Por qué no intentar alimentar nuestros sueños y esperanzas con estos vínculos especiales? ¿Por qué no preservar esas ideas compartidas que dotan a nuestras vidas de un valor incuantificable?

Nunca dejéis de luchar por él. Alimentad vuestro amor.

Muerte y dolor

Fecha original: miércoles, 08 de septiembre de 2010

Hoy me veo obligado a alzar mi frustrada voz por todos los canales posibles, con la esperanza de que el eco de ésta resuene tanto en el infinito que logre apaciguar la furia de la bestia que en mi interior descansa, silenciosa, acechando el momento oportuno para salir.

Muchos de mis amigos y compañeros me han preguntado varias veces que por qué tengo la elegante costumbre de decir la frase que titula esta entrada, y es que, tras un breve análisis semántico, no se corresponde el orden de los factores de dicha sentencia con la oportuna realidad que precede a la muerte.

En mil intentos por hacerles ver que se trata de una cuestión de reducir la ira que me sobreviene en los momentos complicados, nunca les he explicado la verdadera naturaleza de tan casposas palabras. Hoy, día 8 de septiembre del 2010 en el que se celebra el día de Extremadura, voy a relatar la curiosa historia que se esconde tras éste enigma.

Y es que a veces es mejor no levantarse de la cama, porque da igual lo que tengas que hacer, lo que desayunes, si el aire que respiras es puro o más contaminado que el que sale directamente de los tubos de escape...hay días en los que te levantas con ese pequeño "clic" que te hace que todo te salga mal, y después de que piensas que no puede ir peor...otra cosa sale mal...y otra....y otra...y entonces...un intenso calor invade tus vísceras y se aproxima irremediablemente hacia la cabeza.Algunos lo descargan con el primero que se encuentran, otros, menos sutiles, golpean los objetos que más cerca tienen (véase el vídeo) hasta acabar con la ira que llevan dentro.

Yo, sin dejar de lado la no-sutileza de éstas prácticas, siempre he preferido despotricar acaloradamente aprovechando la gran cantidad de vocablos de carácter diabólico-demoníacos que pueden encontrarse en nuestra lengua (y alguna otra...)

De este modo y durante uno de estos arrebatos no lograba mediar palabra debido al atolladero de palabras que trataban de salir al mismo tiempo por el mismo sitio.

Entonces, sin quererlo, se entremezclaron todos  los sentimientos evocados por una posible insidiosa muerte y los que precederían al más intenso de los dolores -> "Muerte y dolor"

Instantes después aparecía una familiar sensación de paz y calma. Es como si se hubiera presionado el botón de "reset" y todas aquellas ideas frustrantes hubiesen quedado atrás. La bestia había sido apaciguada.Son, cuando menos, curiosas las soluciones que inconscientemente buscamos para resolver estas situaciones, pero más curioso aún es saber que funcionan.

¿Acaso hay alguien que no haya tenido nunca un mal día?

Congruencias asociativas

Fecha original: Lunes, 06 de septiembre de 2010

El curioso despertar de las sensaciones que sufrimos a diario y que nos dejan estupefactos ante la capacidad de nuestro cerebro para asociar todo tipo de conocimiento en apariencia disjunto, se antoja extraño cuando se observa atentamente.

Es por eso que nos cuesta decidir sobre lo que parece ser perceptible y lo que entendemos como "real", ya que el fino hilo que marca la diferencia no explica el por qué tales asociaciones tienen lugar dentro de un ámbito, nuevamente, en apariencia inconsistente o sin relación.

Paremos un segundo a reflexionar por qué algo tan nimio como por ejemplo, una nota musical determinada, estimula ciertas regiones de nuestra materia gris provocando amplias reacciones en cadena que postergan el conocimiento de la realidad y la verdadera naturaleza de ésta. Con un sencillo gesto de parasíntesis de pensamientos podemos descubrir la no-simplista verdad de dichos estímulos, y cómo nuestros sentidos rezan ansiosos por descubrir otros nuevos que conecten nuestras ideas ofreciendo así un reflejo semántico más completo.

Y es que la música resulta una fuente de inspiración ilimitada (véase http://amazings.es/2010/09/06/el-poder-de-la-musica/) que rompe todas las barreras idiomáticas y de comprensión universal, sin responder a prejuicios o cultos de índole cualquiera. Es sorprendente observar como la casi imperceptible sensación producida por un conjunto de notas musicales, evoca diferentes estados de ánimo y aptitudes que alteran nuestro ritmo diario, a veces a un nivel subconsciente, y a veces dibujando una sonrisa en nuestras caras que despierta la alegría colectiva de aquellos que nos rodean.

Pero sea como fuere no permanecemos impasibles ante la aplastante fuerza que ejercen estos estímulos sobre nosotros, que sin dejar se ser pequeños detalles forman parte de un entorno tremendamente cambiante que nos envuelve y nos absorbe en una fina burbuja de plegarias, risas, lamentos o momentos inolvidables.

Dicen que formamos parte de un todo, ¿y si ese todo formase parte de nosotros?

Permutaciones complejas

Fecha original: sábado, 28 de agosto de 2010

A medida que las personas avanzamos en el inescrutable y sinuoso camino del vivir, hayamos muchas formas de entender la propia naturaleza de las premisas que nos conducen a ver las cosas de una forma u otra, ofreciendo un función hiperbólica de aproximación a la realidad a medida que avanza el tiempo.

Se conoce como experiencia, aunque muchos no creen en ella y abortan todo tipo de intento de comprensión ante las típicas frases como: "cuando seas mayor lo entenderás", pues parece a simple vista que muchas veces ese sentido común del que tanto presumimos en algunos momentos, nos permite saltar por encima de los problemas cómo si no fuera con nosotros.

Por desgracia, la realidad nos arrastra a un círculo vicioso donde cada nuevo giro aporta una nueva cana a nuestro cuero cabelludo como consecuencia de las múltiples situaciones en las que el magnífico sentido común de algunos se impone ante la aplastante lógica de la propia situación. Suele ocurrir, sin embargo, que ni la aplastante lógica, ni el estrepitoso sentido común de un tercero, son fuertes mástiles para poner rumbo a una decisión acertada.

Es en este momento cuando entran en juego tal cantidad de variables, muchas de ellas aleatorias, que la resolución de un sencillo problema puede llegar a convertirse en un arduo inconveniente para los interrogantes venideros. Por consiguiente, acabamos por descubrir un auténtico universo de posibles decisiones erróneas pero que no arrojan un candidato claro como decisión "no tan errónea".

Si tratásemos de establecer un marco de objetos que nos ofrezcan una visión completa de la situación, romperíamos a llorar al descubrir que el número de permutaciones y el nivel de complejidad de éstas, no nos permite ver más allá de lo evidente y percibir el final.

Entonces recordaremos esas sabias palabras de consejo desinteresado que nos marcaban una pauta basada en la experiencia y que en su día, bacilando al destino, decidimos dejar en boca de aquellos que las pronunciaban. Y es que difícilmente alguna vez podremos decidir acertadamente sobre algo que ni siquiera comprendemos.

Una pena que sólo tengamos una oportunidad.

Primera entrada facebook

Fecha original: Martes, 17 de agosto de 2010

Si tuviéramos que datar de algún modo el principio del "momento facebook" sería bastante difícil discernir entre lo que realmente consideramos como el que fue el inicio de una de las mayores redes sociales de internet y el momento en el que empezamos a utilizarlo como herramienta de relación social.

Como punto de partida, valga la redundancia, podemos tomar el momento en el que cada cual se abre una cuenta, se registra, empieza a indagar, a subir fotos...

¿Pero cuál fue la motivación que le empujó a hacer tal cosa? ¿los amigos que le miraban raro por no tener facebook? ¿la vanal esperanza de encontrar a su media naranja en una red donde perdemos parte de nuestro pudor y sentido del ridículo?... Yo creo que es bastante más complicado que todo eso.

Existe la alta probabilidad de que todo empezara como una forma más de comunicarse, enriquecida por sus ámplias y ambiciosas posibilidades con la particularidad de que no se necesita un contacto directo con los partícipes de la comunicación, ese contacto directo que tanto tememos y que tan poco practicamos.

El caso es que cual enredadera se extiende por el jardín, este tipo de redes sociales fueron copando nuestras vidas aportando un espejo selectivo de nuestras personalidades donde cada uno disgrega las personas con las que se relaciona, la forma en la que lo hace y sobre todo la información que ofrece sobre sí mismo.

En la otra cara de la moneda están los "conspiranoicos" de la red, que se empeñan en creer que internet es un mundo donde las empresas han puesto todo su empeño para tener la mayor cantidad posible de información sobre todo el mundo y nos manipulan alegremente para que vayamos corriendo a comprarnos lo último que han sacado al mercado; por eso ocultan toda su información en una caja fuerte con la esperanza de que nadie les robe sus ideas.

Pero tal vez sea una simple cuestión evolutiva, tal vez sin quererlo estamos modelando una nueva sociedad donde cada persona aporta parte de lo que sabe, parte de sus experiencias y de sus ideas, tal vez ya no estemos en la sociedad de la información, sino en la sociedad del conocimiento.

Un conocimiento engendrado por las distintas generaciones de un mundo tan cambiante como confuso, donde la mentira esconde a la verdad, donde a pesar de la inmensa cantidad de "ruido" que puede encontrarse, siempre podemos encontrar esperanza.

Es en este punto, en el que satisfacemos nuestra curiosidad y capacidad de relacionarnos arropándonos con este conocimiento buscando una verdad, que en el fondo, nos define, para que sin volver al principio tengamos el momento necesario que encauce la razón por la que nos comunicamos a través de un teclado, un ratón y una pantalla.